Se vistió su longevidad de ocre,
dejando atrás los matices
de aquellos colores malogrados,
recreo para la vista
o quizás solo una distracción,
para poder espantar las horas lóbregas.
Volver a un pasado, en presentes conjugados
y querer que la eufonía cambiante,
deje de olear la cacofonía espumosa,
pudiera ser imposible, que no improbable,
volver a los tiempos caducados
y no naufragar de nuevo,
sentir el salitre de unas agujas ciclópeas
y columpiar las cosquillas,
que humedecen sus horas muertas.
Se vistió el cielo de ocre,
para traer a aquella memoria desgastada,
la locura de volver a sentir
el hormigueo de sus aleteos,
en los engranajes de su plumaje
y el solaz de unas minúsculas mariposas,
en la comisura de su ocaso.
Imagen.- Chryssalis.


El tiempo pasa y los colores se desgastan como también lo hace la imagen o el sentir... pareciera que el tiempo tiene otra esfera dentro y que nosotros nunca entraremos en ella.
ResponderEliminarSiempre es un placer venir aquí para leerte.
Mil besitos y feliz noche, preciosa.
Todos llegamos a ese "día" en que sentimos que se nos escapa el tiempo, la vida y nos parece haber pasado por ella como espectadores, en vez de haberlo hecho como protagonistas...
EliminarSiempre muy gratificante tenerte en mis letras.
Una feliz velada y un fuerte abrazo ♥